Me descorazona la imagen del todavía alcalde llegando a la bendición de ramos. Fatigado, extenuado, saludando sin poder distinguir las caras de la gente, apurado por un reloj que no se detiene y con la lejana mirada del párroco ladeando la cabeza: “pensé que no llegabas”. Imagino la vorágine en el seno de esa unidad familiar. “Vamos, que se hace tarde” diría David. “Pues aún tenemos que ordenar la casa” le rebatiría su mujer. Los inconvenientes de vivir en Oviedo se multiplican cuando los actos matutinos requieren presencia familiar y cierto grado de compostura.

Sin embargo, aunque la escena pudiera hacerse viral, lo verdaderamente impactante es el empeño de nuestro alcalde en ser el protagonista de cada acto religioso. Una persona no creyente, en un partido laico pero que usa cada evento parroquial en beneficio propio sin que le duelan prendas. Es de recibo añadir, que tampoco la jerarquía eclesiástica praviana tiene inconveniente alguno en mantener esa foto impostada. A fin de cuentas, todos salen beneficiados.

Lo que debemos preguntarnos entonces es si el alcalde praviano actúa así en todos los ámbitos profesionales. Cuando se reúne con un consejero, cuando realiza una entrevista, en los plenos municipales o en las conversaciones a pie de calle. ¿Hablará con franqueza y convencimiento? ¿O seguirán siendo posturas impostadas? Por lo visto hasta la fecha, yo lo tengo claro: numerosas intervenciones anunciadas y no comenzadas, un ayuntamiento todavía intervenido, la esperada ITV sin visos de aparecer, decenas de promesas incumplidas a numerosos pueblos… Todo indica que su modus operandi no cambia. “Tú sonríe y dales lo que piden. Luego ya veremos si se puede afrontar”. Era la máxima que había aprendido de Solar, anterior alcalde. Sin embargo, lo que al condenado y dimitido dirigente socialista le funcionaba, no parece que dé buenos resultados al actual regidor.

El hecho de vivir en Oviedo, de no pisar las calles de Pravia tanto como debiera, de tener un partido dividido, de no contar con el apoyo de la FSA, hace que esa forma de trabajar tenga poco recorrido y sea mal vista, cada día por más ciudadanos. Aún así, no se va a dar por aludido ni cambiará de estrategia. Veremos promesas inauditas, escucharemos afirmaciones sorpresivas e, incluso, leeremos declaraciones contradictorias. No le importa, no se siente mal, está cómodo con sus engaños. Es la política que ha mamado, la que le ha dado un sueldo, la que le ha puesto en el lugar en el que está y la que le permite mantener una red clientelar amplia y fiel.

Tampoco nos rasguemos las vestiduras (yo el primero). Llevamos años viendo al alcalde venir los domingos a darnos la bendición y marcharse a comer a localidades vecinas. En realidad, qué vamos a esperar de una persona que es capaz de traicionar sus principios más elementales. Qué esperar de un alcalde que ha reducido su vida social en Pravia a los actos religiosos. Y sin ser creyente.

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