Leía hace unos días en este diario que la batalla de la izquierda enfrentaría a Pravia a tres partidos: PSOE, Izquierda Unida y Podemos. Yo, francamente, los dejaría en dos. Les voy a explicar el porqué. Fui votante socialista a nivel municipal. Lo fui en 2003 y 2007. En 2011 me fui a la abstención. Y cuatro años más tarde di mi voto a David Fernández, de Izquierda Unida. Varias fueron las razones de mi cambio hacia la izquierda, pero la mayor de ellas fue la hipocresía. No concibo que ningún político de izquierdas se afane en privatizar servicios públicos. Primero fue la limpieza; después, las piscinas; y el agua parece que podría ser el siguiente servicio en dejarse en manos privadas. ¿Por qué privatizar servicios que son de todos y que al final, si la cosa no va bien, vamos a pagar todos?

Saco esto a relucir por el tema del cierre de las piscinas municipales. No solo es que fueron construidas en un lugar que se inunda cada cierto tiempo sino que además ahora llevan cerradas desde enero y sabe dios cuándo se abrirán. Unas piscinas que están en manos privadas desde hace once años. Porque un buen día de 2008 al PSOE, con el apoyo explícito del Partido Popular, le dio por “quitarse el muerto de encima”. Ese muerto era la piscina climatizada que el mismo PSOE había construido años antes con un coste para todas las pravianas y pravianos de 1.400.000 euros. Como daba pérdidas, a los cuatro años, el PSOE, con el apoyo explícito del Partido Popular, entregó esa joya a manos privadas.

Dijo el equipo de gobierno de entonces, en el que estaba el actual alcalde como concejal de Deportes, que “con una empresa profesionalizada, no sólo se sacará un mayor provecho (de la piscina), sino que también se avanzará hacia un mejor servicio y se reducirán los costes que genera al Ayuntamiento”. Al final, ni mejor servicio ni menores costes: la piscina y el gimnasio están cerrados con cada desbordamiento del río, no se arreglan las máquinas a su debido tiempo y el Ayuntamiento sigue pagando buena parte del pastel (vía subvenciones públicas cada año que, según el contrato, ascienden a 90.000 euros por año).

El tema de las piscinas es el mejor ejemplo de gestión de este gobierno que se autoproclama progresista y de izquierdas pero, al final, su política huele a la derechona rancia de toda la vida. Así que en Pravia habrá batalla en la izquierda, pero será solo entre Izquierda Unida y Podemos.

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