Voy a comenzar poniéndoles tres ejemplos, a ver qué opinan ustedes al respecto. Imagine que delante de sus narices le rayo su coche con un destornillador. Y a continuación, como si le estuviera haciendo un enorme favor, le prometo que se lo voy reparar. ¿No le parece de locos? Ahora imagine que lleva cuatro años pidiéndome por favor que le eche una mano para cualquier asunto, y ni siquiera le miro a la cara. Y años después, de repente, le digo: «Oye, si necesitas cualquier cosa, solo tienes que decírmelo». ¿No les parecería una tomadura de pelo? Imagine que le vendo un coche. Le cobro la factura, pero no se lo entrego. Y cuatro años después, le vuelvo a tratar de vender ese mismo coche que nunca le entregué. ¿Se quedaría usted sin hacer nada? Al final del artículo descubrirán el porqué de estos ejemplos. 

Estamos en periodo electoral y todos los partidos tratan de convencernos de que su programa es el más completo, el más social, el que más se preocupa de los pueblos, el que más cuida al autónomo, el que más limpias dejará las calles de nuestra villa. En la mayor parte de los casos, cuando votemos por el partido morado, por el rojo y verde, por los azules, por el naranja, etc., tendremos que fiarnos de su palabra. No nos queda otro remedio. Puede que acertemos o puede que dentro de cuatro años volvamos con ganas a votar para echarlos y cambiarlos por otros. Pero qué quieren que les diga, hay una cosa que personalmente me saca de mis casillas, especialmente para alguien como yo, que aún recuerda con emoción la primera vez que votó a Felipe González y que ve con tristeza cómo un alcalde sin vocación, ni ganas de trabajar, ni ideas, dilapida la imagen del PSOE en nuestra villa

Resulta que el programa del señor alcalde incluye propuestas que llevan cuatro años metidas en un cajón, en el propio cajón de su mesa. O directamente hay algunos problemas que ahora «nos vende» que va a solucionar y que él mismo ha creado. Saca pecho el alcalde presumiendo de que va a liquidar la deuda del municipio. Pero nos oculta que esa deuda la generó su partido, del que lleva formando parte como miembro del gobierno desde 2007, por una muy deficiente gestión con La Azucarera, por ejemplo, entre otras muchas cosas. Alardea de que va a reabrir varios museos de nuestro concejo. Pero «olvida» decirnos que fue él mismo quien los había cerrado. Presume de que va a bajar tasas e impuestos locales. Tasas e impuestos locales que él mismo había subido previamente, situando a Pravia como uno de los municipios con mayores impuestos del occidente asturiano. Visita pueblos que no había pisado en cuatro años prometiendo soluciones a vecinos a quienes había ignorado una y otra vez. ¿Entienden ahora los ejemplos del principio? 

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