La intensidad se define como el grado de fuerza o energía con que se realiza una acción o se manifiesta un fenómeno, un sentimiento, etc. Y también puede referirse a realizar una gran actividad durante un periodo de tiempo limitado. Digo esto por las intensas jornadas preelectorales con las que estas últimas semanas nos está obsequiando el alcalde de nuestro concejo. Pareciera que se hubiera tomado totalmente en serio la segunda acepción y, cuan famélica legión, ha tomado las calles, plazas, lavaderos y demás espacios públicos a pocas semanas de la cita con las urnas. Es lo que tiene mantener una legislatura de perfil bajo. Así llaman los cursis ahora a la tradicional galvana que los últimos tres años ha caracterizado a este consistorio.

¿Que hay que pintar un parking? Vamos a hacernos la foto. ¿Que se inaugura un centro social? Vamos a hacernos la foto y subirla a nuestras redes sociales (lo de usar los canales oficiales… para otro día ya si eso). Y así día tras día en unas jornadas agotadoras e intensas en las que hay que visibilizar, al menos por unos días, el que hacemos algo.


Felicitar a un político por hacer obras con dinero público es como aplaudir al cajero automático cuando nos da nuestro propio dinero

La estrategia, no por conocida, pierde eficacia como bien saben en el PSOE. Este partido lleva utilizándola con gran éxito los últimos 40 años en Asturias. Y a pesar de estar como estamos (hablo de datos objetivos, no de percepciones: paro, natalidad, índice industrial, emprendimiento, etc.), está claro que les funciona.

El problema es que ahora, y gracias al afán por capturar y difundir nuestra actividad, a poco que indaguemos un poco, nos damos cuenta que la febril actividad tiende a cero a medida que te alejas de la fecha elegida para la celebración de las elecciones municipales. Les invito a que se den un paseo por las redes sociales habitualmente utilizadas por nuestro ayuntamiento para que vean que no miento. En apenas dos semanas se han acometido más obras, reparaciones y/o inauguraciones que en todo el pasado año. Esto no es malo, dirán muchos de ustedes. Aunque estarán conmigo que, cuanto menos, es cuestionable

Quisiera terminar con una reflexión: felicitar a un político por hacer obras con dinero público es como aplaudir al cajero automático cuando nos da nuestro propio dinero.

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