Mi estimado señor alcalde,

Ahora que usted, desde que es alcalde, ya no reniega del catolicismo y participa con fervor de los actos religiosos, capirote incluido en su reconversión, le voy a contar la historia del cardenal Francisco Javier Van Thuan. Este clérigo vietnamita, a los tres meses de ser nombrado arzobispo en su país, fue encarcelado por la dictadura comunista que allí imperaba. Estuvo 13 años en la cárcel, nueve de ellos totalmente incomunicado. Su dura historia se ha relatado en una novela titulada Van Thuan: libre entre rejas. Le ahorro el gasto de leérsela. La historia de la literatura no la tiene en alta estima.

Le hablo de este religioso porque en su cautiverio tuvo tiempo suficiente para reflexionar sobre asuntos celestiales y del mundo terrenal. Entre otros, de ese arte tan en uso que se llama la política. Dicho cardenal Van Thuan elaboró una serie de bienaventuranzas del político. Entre ellas señalaba varias que seguramente cualquier persona, creyente o no, podría firmar debajo con su estampa. «Bienaventurado el dirigente político que trabaja por el bien común y no por sus intereses personales«, dice una de ellas. Déjeme decirle, entre usted y yo, que para una proclama así no hacía falta tanto tiempo.

¿Por qué se eliminó esa publicación y sus fotografías? ¿Le chafó la noticia «su» propia Biblioteca? ¿Quería usted salir en la fotografía con el casco y el chaleco?

Ayer se me vino esa frase. Fíjese usted qué tontería, acordándome yo de una novela manifiestamente mejorable y de una bienaventuranza que, perdóneme la insistencia, ahora será más atendida por usted que ha vuelto al redil de los católicos, pero bien lo podría haber dicho un cardenal o el tendero de la esquina. Y me acordé de ella cuando comencé a pensar en los acontecimientos que ayer miércoles se sucedieron en nuestra querida villa praviana.

A eso de las diez de la mañana, casi ya en el calentamiento de ese café matinal que usted no se pierde cada día con el concejal que dimitió pero sigue ejerciendo en el despacho de vicealcaldía (algún día hablaremos de esto), la Biblioteca Municipal nos dio la buena nueva del día. «Buenísimos días. Empiezan por fin las obras para el derribo del esqueleto del parque», decía la publicación en Facebook. Y acompañando a esas letras, dos fotografías en las que se podía apreciar una grúa en el interior de la zona del famoso edificio abandonado desde hace casi 30 años, el ‘esqueleto’. Le dejo sobre estas líneas el link a la noticia que se publicó ayer en este humilde digital.

¿Quién llamó para ordenar que se borrara el post? ¿Por qué horas después usted y el concejal Del Busto inspeccionaron la zona justo donde estaba la grúa por la mañana?

Le recuerdo la secuencia porque, por arte de magia o de click intencionado, esa publicación se borró apenas una hora después de publicarla. Y es ahí donde surgen las preguntas. ¿Por qué se eliminó esa publicación y sus fotografías? ¿Le chafó la noticia «su» propia Biblioteca? ¿Quería usted salir en la fotografía con el casco y el chaleco (se lo digo porque le ha cogido usted afición a lo de las fotos y el chaleco, no vaya a ser usted mal pensado)? ¿Quién llamó para ordenar que se borrara el post? ¿Por qué horas después usted y el concejal Del Busto inspeccionaron la zona justo donde estaba la grúa por la mañana? ¿Por qué apareció un tuit de la propia biblioteca sobre el mismo tema pero ya sin fotos después de borrar la publicación en Facebook?

Perdone que le aburra con preguntas, pero en ocasiones usted deja mucho espacio a ellas. Y recuerde que, como decía el cardenal Van Thuan, «bienaventurado el dirigente político que trabaja por el bien común y no por sus intereses personales».

P.D.: El bien común, en este caso, es el derribo del ‘esqueleto’, algo por lo que llevan peleando muchos vecinos y partidos.

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